La avenida más ancha del mundo no alcanzó para contener a la romería de hinchas argentinos hacia el Obelisco, histórico lugar de concentración que este domingo anotó una página de su vida al ver miles y miles de sonrisa, lágrimas por la obtención de la Copa del Mundo en Qatar.
Al igual que en otras ocasiones, la Ciudad tuvo un trajín llamativo: corridas en la mañana para poder comprar lo que faltara; después las calles y veredas desiertas; más tarde, los gritos en cada casa y departamento; y el festejo final, desde ventanas, balcones y dándole vida nuevamente al espacio público.
La pantalla gigante montada en la Plaza Seeber se convirtió en uno de los puntos de concentración tanto de vecinos porteños como bonaerenses, al igual que turistas que se vieron disfrutando del folklore futbolero argentino en una de las jornadas más importantes.
El 2-0 a favor del equipo dirigido por Lionel Scaloni y el apabullante andar argentino en el primer tiempo dejó tranquilos a todos, pero nadie pensó que el trámite iba a ser sencillo: la remontada francesa con Kylian Mbappé puso al borde del paro cardíaco a unos cuantos.
La alegría por el gol de Lionel Messi en el tiempo extra poco duró, ya que la «Tortuga» Mbappé volvió a frustrar (o mejor dicho, demorar) la alegría Argentina.
En la tanda de penales, la figura de Emiliano «Dibu» Martínez volvió a agigantarse para que los miles que se juntaron en Plaza Seeber deliraran.
«Fue muy emocionante lo de hoy. Por el fútbol que mostró el equipo, por el campeonato claramente y por Messi. Se sufrió de más creo yo, Francia no merecía el empate, estaba muerto. Pero bueno, se tenía que dar», afirmó Ernesto, un profesor de Historia de 60 años que llegó a Palermo desde la localidad bonaerense de Monte Grande.






