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El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, describió a Julian Assange como un "miserable hacker" y un "malcriado" que llegó a manchar con sus excrementos la embajada de Quito en Londres, donde fue detenido este jueves tras perder el asilo diplomático por decisión del mandatario. "Le hemos quitado el asilo a este malcriado y ventajosamente nos hemos librado de una piedra en el zapato", dijo Moreno durante un acto en la ciudad Latacunga. "De ahora en adelante tendremos mucho cuidado de dar asilo (...) a gente que realmente valga la pena y no a miserables hackers, cuya única intención es desestabilizar gobiernos", agregó. Moreno justificó en esos términos su decisión de retirarle el asilo otorgado a Assange en 2012 y enfatizó que el creador de WikiLeaks "ha violado todas las normas de una convivencia racional". "Su conducta ha sido irrespetuosa, inclusive (...) este señor con sus heces fecales manchaba las paredes de la embajada, la casa de los ecuatorianos, el territorio ecuatoriano en Londres", manifestó. Con tono molesto, insistió: "Ha puesto heces fecales en nuestra casa, ha golpeado a nuestros guardias, a la gente de Ecuador, ha dicho que el Ecuador es (...) un país insignificante en el mundo. Eso es lo que éramos para él, y lo teníamos como invitado". Además del asilo, Quito le retiró a Assange la nacionalidad ecuatoriana concedida en 2017. El experto informático fue arrestado por la policía británica, tras lo cual el Departamento de Justicia estadounidense anunció que pidió su extradición. Assange podría ser juzgado por "conspiración para cometer intrusión informática" por haber ayudado a la exanalista de inteligencia Chelsea Manning a obtener una contraseña para acceder a miles de documentos de defensa confidenciales, y luego divulgarlos. Assange recibió el asilo de parte del expresidente Rafael Correa, exaliado de Moreno y convertido en su mayor adversario con quien mantiene una pugna de poder que partió al oficialismo después de diez años en el poder

El papa emérito Benedicto XVI atribuyó el escándalo de abusos sexuales que afecta a la Iglesia Católica a los efectos de la revolución sexual de la década de 1960 y al colapso general de la moral. En un inusual ensayo, Benedicto argumenta que la revolución sexual llevó a algunos a creer que la pedofilia y la pornografía son aceptables. El religioso de 91 años, quien en 2013 se convirtió en el primer Papa en seis siglos en renunciar a su cargo, también lamentó que algunos seminarios católicos tengan una cultura abiertamente gay y, por lo tanto, no capaciten a los sacerdotes de la manera adecuada. “Se podría decir que en los 20 años entre 1960 y 1980, los estándares previamente normativos con respecto a la sexualidad se derrumbaron por completo y surgió una nueva normalidad”, escribió. Benedicto fue jefe de la oficina doctrinal antes de convertirse en Papa en 2005. Estaba a cargo en 2002, cuando se dio a conocer la primera ola de casos de abusos en Boston. Los escándalos de abusos en Irlanda, Chile, Australia, Francia, Estados Unidos, Polonia, Alemania y otros países han llevado a la Iglesia a pagar miles de millones de dólares en compensaciones a las víctimas y la han obligado a cerrar parroquias. Muchos casos se remontan a antes de los años 60. Las revelaciones de que los sacerdotes envueltos en casos de abusos a menudo eran trasladados de parroquia en parroquia en lugar de ser expulsados ​​o procesados​penalmente han sacudido a la Iglesia a nivel mundial y han socavado su autoridad. A fines del año pasado, el cardenal australiano George Pell se convirtió en el jerarca católico de más alto rango en ser condenado por delitos sexuales contra niños. Su rol como exasesor del papa Francisco llevó el escándalo al corazón del Vaticano. Benedicto ofreció sus comentarios en un ensayo en Klerusblatt, una revista mensual de la Iglesia de su nativa región de Baviera, en Alemania. Algunos teólogos criticaron en Twitter las palabras de Benedicto. “Esta es una carta embarazosa”, dijo Brian Flanagan, profesor de teología en la Universidad Marymount, en Virginia. “La idea de que los abusos eclesiásticos a niños fue resultado de la década de 1960 (...) es una explicación vergonzosamente errónea del abuso sistemático a niños y niñas y su encubrimiento”. En tanto, Massimo Faggioli, profesor de teología de la Universidad de Villanova, calificó el texto como “una caricatura” de la Iglesia sobre el periodo posterior al Concilio Vaticano II, “con toda su inventiva y algunos errores trágicos”. Benedicto XVI explica que la década de 1960 abogó por una “libertad sexual” sin “normas”, que hacía de la pederastia algo “permitido y apropiado”. “Siempre me pregunté cómo los jóvenes podían en esta situación ir hacia el sacerdocio”, subraya, al referirse al “amplio hundimiento” de la vocación sacerdotal ocurrida en los años siguientes. Basándose en ejemplos de su Alemania natal, cuenta la manera como “el radicalismo sin precedentes de los años 1960” afectó la formación de los futuros sacerdotes en los seminarios. “Camarillas homosexuales se desarrollaron en diferentes seminarios, actuando más o menos abiertamente”, recuerda. Y un obispo decidió mostrar películas pornográficas a los seminaristas “con la idea de hacerlos más resistentes a los comportamientos contrarios a la fe”. El papa emérito constata con amargura una “sociedad occidental donde Dios desapareció del espacio público” y donde la Iglesia es percibida como “una especie de aparato político”. Benedicto XVI defiende la publicación de este texto con la intención de contribuir a esta “hora difícil” que atraviesa la Iglesia católica y que decidió hacerlo tras la reunión en febrero entre el papa Francisco y los presidentes de las conferencias episcopales. Joseph Ratzinger asegura que antes de publicarlo contactó con Francisco y con el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin.

En marzo de 2011, poco más de un año antes de que Julian Assange se refugiara en la embajada de Ecuador en Londres, de donde fue sacado ayer jueves por la policía británica luego de que el gobierno ecuatoriano le retirara su protección, El País publicó algunos de los “cables secretos sobre Uruguay”, una serie de documentos de la embajada de Estados Unidos en Montevideo filtrados por WikiLeaks. Se trataban de documentos elaborados desde 2004, un total de 345 informes, que figuraban entre los 251.287 cables del Pentágono filtrados por WikiLeaks en noviembre de 2010. Martín Aguirre, director de El País, viajó entonces a Londres para recibir los documentos de manos del propio Assange. “El clima de la reunión, que se prolongó por unos 20 minutos, fue distendido y amable, aunque dominado por el inevitable hecho de que al día siguiente una corte londinense iba a determinar su posible extradición a Suecia por una acusación de violación sexual”, contó Aguirre en la edición del 3 de marzo de 2011. Tres ediciones de El País se destacaron entonces. La del 3 de marzo, cuyo título principal fue “EE.UU. investigó si el entorno de Vázquez almacenaba armas iraníes”; la del día siguiente: “Gargano era ‘intratable’ y estaba aislado en el gobierno” sobre la situación del excanciller Reinaldo Gargano; y la del 5 de marzo: “Puñaladas por la espalda”, con los informes de la embajada sobre las trabas que pusieron Argentina y Brasil en 2006 para que Uruguay no firmara un TLC con Estados Unidos. El Pais

El presidente Jair Bolsonaro destituyó ayer lunes al colombiano nacionalizado brasileño Ricardo Vélez Rodríguez como ministro de Educación. La decisión fue confirmada por el propio Bolsonaro a través de las redes sociales, donde anunció el nombre de su reemplazo. “Comunico a todos el nombramiento del profesor Abraham Weintraub en el cargo de ministro de Educación”, publicó Bolsonaro en Twitter. Y se refirió de manera escueta al ministro cesado: “Aprovecho para agradecer al profesor Vélez por los servicios prestados”. Según Bolsonaro, el nuevo ministro de Educación “es doctor, profesor universitario y posee amplia experiencia en gestión y el conocimiento necesario para la cartera”. La gestión de Vélez estaba siendo cuestionada por disputas internas en el ministerio, que provocaron una serie de despidos y renuncias, entre ellas las de tres viceministros. Vélez es un filósofo colombiano de 75 años que entró al Gabinete de Bolsonaro por recomendación del gurú ultraconservador Olavo de Carvalho, uno de los mentores del mandatario. Vélez, quien fijó su residencia en Brasil en 1979, también ha protagonizado diversas polémicas por sus declaraciones. La más reciente se dio por una mención que hizo del fallecido narcotraficante colombiano Pablo Escobar, a quien puso como ejemplo de conducta para que los jóvenes no consumieran drogas en la escuela. “Pablo Escobar había reservado campos de fútbol para los jóvenes y una pequeña biblioteca. De esa forma, los jóvenes no consumían cocaína porque este producto estaba orientado a la exportación”, sostuvo. Haber dicho que los brasileños se comportan como “caníbales” en sus viajes al exterior y anunciar “cambios progresivos” en los libros de texto para que “los niños puedan tener la idea verídica” del golpe de Estado de 1964 y de la dictadura militar que duró hasta 1985 fueron otras polémicas que se originaron con el ministro, un anticomunista declarado y enemigo de lo políticamente correcto.

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